Sonriendo con mi barrio # 1

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El día de hoy comencé a repartir cartas. Cartas muy sencillas pero llenas de muy buenas intenciones.

¿De qué se trata?

Con mi proyecto social InvitaUnaSonrisa me propuse realizar hace 20 días algo llamado #SonrisasDeMiBarrio. Un reto social que consiste en hacer una lista de todas las personas simbólicas del barrio, escribirles un mensaje e ir darles las gracias por hacer del barrio un lugar mejor.

¿Por qué lo hago?

Hace unos días murió alguien muy conocido por todos en el barrio y me pregunté… ¿Alguien le dijo alguna vez a esa persona que durante todo el tiempo en el barrio, fue alguien importante?. ¿Alguien le hizo sentir el valor que le daba a cada persona con su amabilidad en la tienda?. No sé si los demás lo hicieron, pero de lo que si estoy seguro es que yo no lo hice.

Luego de pensar un rato en ello recordé el gran número de personas simbólicas de mi barrio que no me gustaría que el destino no me permitiera decirles ¡Gracias por todo!. Por esa razón comencé con este gran reto, el cual me prometí hacerlo así nadie aceptara mi invitación por redes sociales.

Hoy comencé. Hoy repartí las dos primeras cartas y la verdad estoy bastante feliz. Estoy en casa escribiendo esto con un sentimiento de felicidad muy bacano antes de irme a tomar una cerveza. ¿Por qué lo escribo?. No lo hago con el fin de que me felicites, no. Lo hago porque me gustaría inspirarte con mi historia a que tu hicieras lo mismo. Me encantaría que te regalaras esta felicidad que se siente hacer algo por los demás.

¿Cómo fue en detalle la experiencia?

Tenia mi reloj malo y hace unos días necesitaba arreglarlo. Eran como las 2 pm y estaba en Medellín haciendo un calor muy sabroso. Debía ir a hacer una vueltas, pero decidí comenzar el reto el día de hoy. Ya tenia escritas algunas cartas, pero no la del señor que arregla los relojes en la iglesia. Saqué una hoja, lapicero, marcadores y me demoré unos 10 min escribiéndola. Salí, me asomé a la iglesia y allí estaba aquel hombre que lleva 15 años arreglando los relojes del barrio. Desde que era niño y pasaba para el colegio lo veía ahí en su puesto de trabajo, con un modo de vestir informal pero de muy buena presencia  y saludando a todas las personas que pasaban a misa o para el colegio. Me acerqué a él con una expresión muy de mi tierra: “Qué mas hermano, bien o no. Mucho voleo o qué”. Me compartió que gracias a Dios sí y como acto seguido le dije: “Me vas a revisar este relojito que no sé que le pasó mientras voy y compro algo allí”. Le dejé mi reloj y fui a la tienda a comprar 2 cervezas. Con ese calor se me ocurrió que una cerveza le caería bien para una buena sonrisa. Hablamos un poco de cuando yo pasaba con mi mamá para el colegio, sobre las otras personas del barrio y me preguntó si yo hacía parte de algún proyecto social. Yo le dije que si, pero que hacía parte de algo que yo mismo había creado así que no estaba siendo influenciado por nadie más que mi propia voluntad.

Llegó un cliente más. Ya había compartido con él unos 15 min. Me fui despidiendo dándole las gracias por hacer del barrio algo único y que nunca, pero nunca olvidara que quizás mucha gente no se lo decía, pero el hecho de estar ahí todos los días al servicio de los demás, lo hacía alguien importante para todos.

Salí caminando con una gran sensación de satisfacción. Esto me pasa cada que he hecho labor social. Dejo de pensar y realmente se siente el aquí y el ahora. Una sensación que te llena por dentro.

Aun faltaba una carta más. Tenia en mi morral la carta del “primo”. El señor que desde niño me dio alegría con mangos en mi época del colegio. Todos los días se hacía afuera del colegio a vender mangos de cascos y de tiritas. Muchos de nosotros salíamos por la reja del colegio a pedirle las pepas de los mangos para sacarles hasta el ultimo sabor a mango. Creo que eso influenció en gran parte que el mango se convirtiera en una de mis frutas favoritas.

Sabía que hoy en día el primo se hace en la esquina de la farmacia la 67, así que me dirigí directo allá. A la distancia vi la carreta y me dije: “¡Perfecto! ¡Ahí está el primo!”. Pero oh sorpresa, no estaba allí. La carreta estaba vacía y miré para todos lados y no parecía estar muy cerca. Me dije entonces: “Todo mundo conoce el primo, de seguro el señor de la tienda sabe donde está.”

-“Señor, buenas tardes. ¿Sabe de casualidad si el primo está por ahí?”.
-“Él está en el colegio vendiendo mangos en el descanso”.
-“Ah ok perfecto. Muchas gracias”

El colegio al que se refería para que sepas, es el colegio en el que yo estudié. Me sentí algo emocionado. No tenía planes de ir al colegio el día de hoy, pero si el primo estaba allí, valía la pena ir a buscarlo. Bajé caminando, a la distancia se sentía el ruido que identifica a cualquier colegio en el mundo. Niños gritando, profesores intentando poner orden, el sonido de los pupitres, etc. Me dirigí a la entrada, honestamente me sentí un poco nostálgico, ya han pasado casi 10 años desde que salí de allí y ver lo mucho que ha cambiado me hacía sentir un poco viejo jajajaja. Luego de un pequeño lapsus la nostalgia se volvió emoción y llegué a la entrada y saludé:

-“Buenas tardes, ¿cómo están?. ¿De casualidad el primo está por ahí?”.
-“Sí. Él está vendiendo mangos en el descanso”
-“¿Será que puedo pasar?”
-“Joven para ingresar necesita un permiso”
Con carita sonriente respondí: “Yo soy egresado de aquí”
-“Ah cómo así y nos trajo cositas?
-“No, pero yo les prometo que a la próxima sí jejejeje”

Me quedé conversando con la vigilante un buen rato y en esas salía el primo.

-“Ah véalo, ahí viene”
-“Perfecto. En estos días vuelvo que hoy necesito es a este gran personaje”
-“Primo. ¿Qué más pues?”
-“¿Qué más mijo bien o no”
-“Primo. ¿Se acuerda de mí?
-“Claro. Usted estudiaba aquí cuando era chiquito y yo le daba las pepas de los mangos”

Esas palabras de nuevo aceleraron un poco la nostalgia en mi. No sé… sentía que había olvidado un poco las personas que me rodeaban e inclusive mis propios recuerdos de los bonitos momentos de mi infancia cuando emprendí profesionalmente y él con su sencillez aun recordaba mi época de uniforme siendo la misma persona de siempre.

-“Primo. Qué bueno que se acuerde. Pensé que no”
-“Claro que me acuerdo. Ya casi no lo veo, pero cuando pasa siempre me acuerdo”
-“Que bueno primo, usted como siempre tan bacan”. “¿Primo a cuánto está el mango ya?”
-“Mijo, eso sigue muy barato. A 1000”

A lo que le dije:

“Primo, usted siempre con los mangos a hecho feliz a las personas, en especial a los niños como yo y de seguro a estas futuras generaciones. (Sonreía un poco muequito él ya). Sabe qué primo, eso que usted ha hecho por años es admirable. Usted lleva años por aquí dando tantas alegrías que es momento de que alguien le diga gracias. Gracias por hacer este barrio un lugar mejor”

Le entregué la carta, una cerveza y de nuevo esa sonrisa salió en él. Como acto seguido le dije:

-“Ojalá el destino nos permita seguir compartiendo alegrías en el barrio y que siga vendiendo mangos por muchos más años. En estos días voy y le compro uno.”
-“Mijo. ¿Por qué está haciendo esto?. ¿Se va del barrio?”
-“No primo. Solo que hace poco se murió el señor de la tienda de allí abajito y no alcancé a decirle gracias. La vida se pasa tan rápido que dejamos pasar los momentos y las personas especiales como usted”
-“Ah sí. El primo de la tienda de abajo”

Jajajaja en ese momento recordé porqué le decían primo. La razón es simple… El primo a todo mundo le dice “PRIMO”.

Al final nos resultamos tomando una foto (en la que quedé con los ojos cerrados jajajaj) y así fue como finalizó aquel bonito momento. Ya era hora de salir a hacer las vueltas que debía hacer jajajaja. Caminé hacía la esquina a tomar el bus del metro y sentir esa bonita sensación que tenia que se estaba multiplicando dentro de mi.

Este es solo el comienzo de esta bonita historia por mi barrio y la comparto contigo porque de seguro si tienes buena imaginación, ya haz sonreído varias veces leyendo esto. ¿Y sabes por qué?. Porque tu también tienes recuerdos bonitos de donde vives. Asi que…

¿Qué tal si te sumas a hacer este bonito reto?

¡Nos vemos! 😀

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